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Trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años: Cuándo preocuparse

Trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años: descubre cuáles son habituales, sus posibles causas, señales de alarma y cuándo consultar al pediatra.
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Dormir bien es especialmente importante durante los primeros años de vida. Entre los 12 y los 24 meses, los niños atraviesan una etapa llena de cambios: empiezan a caminar, amplían su vocabulario, ganan autonomía y descubren constantemente cosas nuevas. Y todo ese desarrollo necesita descanso.

Como referencia, un niño de esta edad suele necesitar entre 11 y 14 horas de sueño al día, contando las siestas. Sin embargo, esto no significa que todos duerman exactamente lo mismo ni que tengan que hacerlo del tirón.

De hecho, despertarse alguna noche, reclamar a los padres o pasar una temporada en la que cuesta más irse a la cama puede formar parte del desarrollo normal. El problema aparece cuando estas dificultades se mantienen en el tiempo, son muy intensas o empiezan a afectar al bienestar del pequeño durante el día.

Por eso, al hablar de trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años, es importante distinguir entre una mala racha y un problema que conviene consultar con el pediatra.

Trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años más habituales

No todos los problemas relacionados con el descanso son iguales. Algunos tienen un componente principalmente conductual, mientras que otros pueden estar relacionados con la respiración, determinadas enfermedades o la propia maduración del sistema nervioso.

Además, no todos los trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años se manifiestan de la misma forma. Mientras algunos pequeños tienen dificultades para quedarse dormidos, otros concilian el sueño fácilmente pero se despiertan varias veces durante la noche.

Insomnio infantil

Es una de las dificultades más habituales durante la primera infancia. Puede manifestarse porque el niño tarda mucho en quedarse dormido, protesta cada noche cuando llega la hora de acostarse o se despierta repetidamente y necesita ayuda para volver a dormir.

Muchas veces está relacionado con las llamadas asociaciones de sueño. Por ejemplo, un pequeño que siempre se duerme en brazos puede reclamar esa misma situación cuando se despierta brevemente durante la noche.

También entra en juego la ansiedad por separación, muy habitual a esta edad. El niño empieza a ser más consciente de que sus padres pueden marcharse y la hora de dormir puede convertirse, precisamente por eso, en un momento complicado. Dentro de los trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años, este tipo de dificultad para conciliar o mantener el sueño es una de las situaciones que más preocupan a las familias.

Apnea obstructiva del sueño

Aquí conviene prestar algo más de atención.

Un niño puede roncar puntualmente porque está resfriado o tiene la nariz congestionada. Sin embargo, un ronquido habitual, especialmente si va acompañado de pausas en la respiración, respiración trabajosa, sudoración o un sueño muy inquieto, debería consultarse.

La apnea obstructiva provoca cierres parciales o completos de las vías respiratorias mientras el niño duerme. En la infancia puede estar relacionada, entre otros factores, con unas amígdalas o adenoides aumentadas de tamaño.

No significa que todo niño que ronque tenga apnea. Pero si el ronquido es frecuente o los padres observan que parece dejar de respirar durante unos segundos, merece una valoración pediátrica.

Parasomnias: pesadillas, terrores nocturnos y otros episodios

Las parasomnias son comportamientos o experiencias que aparecen durante el sueño. Dentro de este grupo encontramos las pesadillas, los terrores nocturnos, los despertares confusionales o el sonambulismo.

Aunque algunas pueden aparecer en niños pequeños, muchas son más frecuentes a partir de los 3 años.

Un terror nocturno, por ejemplo, puede resultar muy llamativo para los padres: el pequeño puede llorar, gritar o parecer muy asustado sin estar realmente despierto. Al día siguiente normalmente no recuerda lo ocurrido.

Las pesadillas son diferentes. En este caso el niño sí se despierta y puede buscar el consuelo de sus padres. A medida que aumenta su imaginación también pueden aparecer nuevos miedos relacionados con la oscuridad, los ruidos o quedarse solo.

Movimientos durante el sueño

Balancear el cuerpo o la cabeza antes de quedarse dormido puede resultar extraño visto desde fuera, pero determinados movimientos rítmicos son relativamente frecuentes durante los primeros años.

Normalmente disminuyen conforme el niño crece. Aun así, si los movimientos son muy intensos, provocan lesiones, aparecen repetidamente durante toda la noche o se acompañan de otros síntomas, conviene comentarlo con el pediatra.

El síndrome de piernas inquietas y otros trastornos del movimiento también pueden interferir con el descanso, aunque resultan más difíciles de identificar a una edad en la que el niño todavía no puede explicar claramente qué siente.

¿Por qué aparecen los trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años?

No siempre existe una única causa detrás de los trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años. De hecho, es bastante habitual que coincidan varios factores.

Los cambios en la rutina son uno de ellos. Empezar la escuela infantil, hacer un viaje, cambiar de habitación o pasar unos días fuera de casa puede alterar temporalmente el descanso.

También hay que tener en cuenta el momento evolutivo. Aprender a caminar, comenzar a hablar o desarrollar una mayor autonomía son avances enormes. Durante estas etapas algunas familias observan más despertares o una mayor resistencia a acostarse. Son las conocidas popularmente como “regresiones del sueño”, aunque no constituyen un diagnóstico médico en sí mismas.

Y, por supuesto, hay causas mucho más sencillas: un resfriado, la salida de los dientes, una otitis, molestias digestivas o cualquier situación que genere dolor o incomodidad puede hacer que un niño que normalmente duerme bien pase varias noches peores.

Por este motivo, conviene observar el contexto. Si el cambio coincide con una enfermedad, un viaje o una nueva etapa de desarrollo y desaparece poco después, probablemente estemos ante una situación pasajera.

¿Cuándo los trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años deberían preocuparnos?

Más que fijarse en una noche concreta, resulta útil observar cómo duerme el niño de manera habitual y cómo se encuentra durante el día.

Conviene pedir cita con el pediatra si los problemas para dormir son persistentes y están afectando claramente a la vida familiar o al bienestar del pequeño. También si aparecen cambios importantes de comportamiento, irritabilidad excesiva, cansancio durante el día o dificultades relacionadas con el crecimiento.

Por tanto, no debemos interpretar todos los trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años como una señal de que existe una enfermedad. La frecuencia, la duración y, sobre todo, la presencia de otros síntomas son las que ayudan a determinar cuándo es necesario consultar.

Hay determinadas señales que merecen una atención especial:

  • ronquidos fuertes y frecuentes;
  • pausas visibles en la respiración;
  • dificultad o esfuerzo para respirar mientras duerme;
  • coloración azulada o muy pálida;
  • movimientos extraños que hagan sospechar una crisis;
  • despertares acompañados de dolor de forma repetida;
  • somnolencia excesiva durante el día;
  • pérdida de habilidades previamente adquiridas o cambios llamativos en el comportamiento.

Si el niño presenta una dificultad importante para respirar, cambia de color, no responde con normalidad o se produce cualquier situación que parezca una emergencia, hay que buscar atención médica inmediata.

Qué podemos hacer para ayudarle a dormir mejor

Cuando no existen señales de alarma, muchos trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años mejoran trabajando sobre algo aparentemente sencillo: la rutina.

A esta edad, saber qué va a ocurrir después aporta mucha seguridad. No hace falta organizar un ritual complicado. Una secuencia como baño, pijama, luces más suaves, cuento y cama puede ser suficiente.

Lo importante es repetirla.

También ayuda intentar mantener horarios relativamente estables para levantarse, hacer la siesta y acostarse. No tienen que cumplirse al minuto, pero una diferencia muy grande entre unos días y otros puede dificultar que el organismo establezca un ritmo.

Las pantallas tampoco son buenas compañeras justo antes de dormir. La televisión, el móvil o la tablet aportan una estimulación que no favorece precisamente la transición hacia el descanso. Es preferible dedicar ese último rato del día a actividades tranquilas.

Leer juntos es una de las más sencillas.

Un cuento corto permite bajar el ritmo, compartir unos minutos de atención exclusiva y crear una señal muy clara: después de esta historia llega la hora de dormir. Si estáis buscando lecturas adaptadas a esta etapa, podéis descubrir nuestra selección de libros para niños de 2 años, con propuestas que pueden incorporarse fácilmente a ese pequeño ritual nocturno.

¿Y qué hacemos cuando se despierta por la noche?

Los despertares breves forman parte del sueño. Los adultos también los tenemos, aunque normalmente ni siquiera los recordamos.

Cuando un niño pequeño se despierta y reclama a sus padres, lo ideal es responder de manera tranquila y coherente con la forma de acompañamiento que haya elegido cada familia. Mantener poca luz, hablar en voz baja y evitar convertir el despertar en un momento de juego ayuda a transmitir que todavía es hora de dormir.

No existe una única manera válida de acompañar estos despertares. Hay familias que prefieren permanecer junto al niño y otras que trabajan progresivamente para que pueda volver a dormirse con menos ayuda.

Lo importante es que las expectativas sean realistas. Dormir de forma completamente autónoma no ocurre exactamente a la misma edad en todos los niños. Precisamente por eso, algunos trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años pueden mejorar conforme el pequeño madura y adquiere nuevas formas de regularse.

Te recomendamos nuestro artículo: Crisis del sueño a los 20 meses: por qué ocurre y cómo afrontarla

¿Necesitan tratamiento médico?

En la mayoría de los trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años, el primer abordaje consiste en revisar horarios, rutinas, asociaciones de sueño y posibles factores que estén interfiriendo con el descanso.

Cuando el pediatra sospecha que existe una causa médica, la evaluación cambia. Si hay ronquidos frecuentes y pausas respiratorias, por ejemplo, puede ser necesario estudiar una posible apnea obstructiva y valorar la derivación a una unidad especializada.

Lo mismo ocurre si existen síntomas compatibles con reflujo, alergias, problemas respiratorios, dolor recurrente u otras enfermedades.

Los medicamentos para dormir no deberían convertirse en una solución casera. La melatonina, por ejemplo, puede utilizarse en determinadas situaciones pediátricas, pero su indicación, dosis y duración deben valorarse con un profesional sanitario. Tampoco deberían administrarse antihistamínicos con el objetivo de provocar sueño salvo que exista una indicación médica concreta.

En definitiva, los trastornos del sueño en niños de 1 a 2 años no siempre indican que algo vaya mal. Muchas veces forman parte de una etapa concreta y desaparecen al recuperar una rutina estable o al superar un determinado momento del desarrollo.

Una semana complicada no significa necesariamente que exista un trastorno. Sin embargo, si algo en la forma de dormir del pequeño preocupa a la familia, se mantiene durante semanas o se acompaña de síntomas físicos, comentarlo con su pediatra siempre será una buena decisión.

Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la valoración ni las recomendaciones de un profesional sanitario.

Fuentes

  • Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Alteraciones y trastornos del sueño en la infancia y adolescencia. Curso de Actualización Pediatría 2022.
  • Asociación Española de Pediatría (AEP). Protocolos: Trastornos del sueño en niños. Protocolos actualizados en 2022.
  • Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y Adolescencia en Atención Primaria. Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y Adolescencia en Atención Primaria. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud.
  • Ugarte Líbano R. Insomnio infantil. Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).
  • FAPap. El sueño infantil en la consulta. Formación Activa en Pediatría de Atención Primaria.
  • FAPap. Parasomnias en la edad pediátrica. Formación Activa en Pediatría de Atención Primaria.
  • Manual Merck, versión para profesionales. Problemas del sueño en los niños.
  • Manual Merck, versión para profesionales. Apnea obstructiva del sueño en niños.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Directrices sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño para menores de 5 años.
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