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La paz no es débil: es una de las fuerzas más activas que existen

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Entrevistamos a la autora Rebecca June, a raíz de la publicación de nuestra última novedad La paz es posible. Un libro que nos ayuda a charlar sobre esta temáticacon los niños, para que no sea un concepto abstracto, sino algo que construimos todos los días.

  1. En el libro defiendes que la paz no es algo pasivo o la simple ausencia de conflicto, sino un proceso activo que requiere esfuerzo. ¿Por qué crees que es tan importante cambiar esta percepción, especialmente en la educación de los niños?

 ¡Es super importante! Creo que a veces hay confusión y la paz se ve como algo pasivo y débil, ¡pero es todo lo contrario! Necesitamos entender que la paz es una acción, no significa aceptar cualquier cosa o conformarse. Si queremos paz, tenemos que sembrarla y hacerla crecer cada día. La historia de la humanidad está llena de conflictos, guerras y violencia. Pero los seres humanos hemos evolucionado; sabemos el coste real de las guerras y contamos con muchos más recursos pacíficos para solucionar nuestros problemas. Ahora más que nunca es importante recordarlo.

  1. Utilizas un sistema de colores para representar conceptos como la comunidad, la creatividad o la equidad. ¿Cómo surgió esta idea y de qué manera ayuda a los más pequeños a asimilar valores que, a priori, pueden parecerles abstractos?

Llevaba mucho tiempo con este libro en la cabeza y, cuando Safi de Nöpp me dijo que quería publicarlo, empecé a jugar con los conceptos y a pensar en cómo podría presentarlos como un conjunto. Al ver que eran siete, como los colores del arcoíris, decidí usarlos como hilo conductor del libro. Luego cobró aún más sentido, porque la relación de los conceptos con los colores les ha dado un significado aún mayor. Por ejemplo, el concepto de comunidad es rojo, como el amor y la sangre que une todos los órganos de nuestro cuerpo y nos mantiene con vida.

  1. En el apartado de la creatividad, hablas sobre el pensamiento divergente y cómo se “oxida” conforme crecemos si no lo utilizamos. ¿Qué consejos les darías a los padres para que entrenen esta capacidad con sus hijos?

De hecho, es al revés: somos las personas adultas quienes la hemos «perdido», y quizá jugando con la infancia y observándola tengamos otra oportunidad de practicarla. A menudo, en la edad adulta, nos encontramos diciéndoles a niñas y niños lo que es posible y lo que no. Pero estoy convencida de que cultivar la imaginación es fundamental. La imaginación es lo que impulsa la innovación y, si queremos seguir evolucionando en este maravilloso planeta, tenemos que ser capaces de imaginar todo tipo de soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos o nos enfrentaremos.

  1. Dedicas una parte importante del álbum a la protección del planeta, vinculando el cambio climático con la aparición de conflictos. ¿Cómo explicarías a un niño de siete años que cuidar los árboles o reciclar es también una forma de construir la paz global?

Cuando te invitan a casa de alguien, no la ensucias, ¿verdad? Nuestro planeta es el hogar de toda la humanidad (además de animales, reptiles, insectos, plantas y microorganismos), y cuanto más lo cuidamos, mejor viviremos. El cambio climático genera conflictos y desigualdades, por lo que todas las personas tenemos la responsabilidad de actuar dentro de nuestras posibilidades para reducir la contaminación medioambiental y presionar a los gobiernos para que protejan el planeta ahora y para las generaciones futuras.

  1. También mencionas ejemplos históricos inspiradores, como Gandhi o la situación de Ruanda. ¿Cuál fue el criterio para seleccionar estos hechos reales y cuál de ellos crees que impacta más a los jóvenes lectores hoy en día?

En la escuela estudiamos muchas historias de guerras y conflictos, pero nos faltan referentes de personas que hayan liderado proyectos de paz y convivencia. Si queremos paz, tenemos que educarnos para ella y practicarla. Aunque hay muchas guerras a lo largo de la historia de la humanidad, también hay muchísimos ejemplos de movimientos inspiradores que han generado un efecto positivo en su entorno y en el mundo en general. En este libro he intentado recopilar diversos ejemplos de todo el mundo para mostrar que existen muchas maneras de mejorar nuestras vidas y las de los demás. Así, cuando nos preguntemos «¿qué puedo hacer yo?», tendremos ideas y propuestas que podremos aplicar a nuestras propias comunidades. Para mí, una de las historias más inspiradoras es la de las mujeres de Liberia que consiguieron poner fin a una guerra civil. Descubrí esta historia mientras escribía mi libro People Power, y creo que todo el mundo debería conocerla.

  1. Muchos adultos se sienten abrumados por las noticias actuales y no saben cómo hablar de estos temas en casa. ¿Qué consejo le darías a un padre o una madre que quiera empezar a utilizar tu libro como herramienta para sembrar paz en su rutina diaria?

¡Un libro como este es un buen punto de partida! Los libros nos ofrecen la oportunidad de hablar de temas que quizá no abordamos en nuestro día a día y nos ayudan a desarrollar la empatía y la comprensión. Tanto en la infancia como en la edad adulta, sentir tristeza al hablar de violencia y conflictos es algo natural. Pero es muy importante poder hablar de ello y visibilizar las injusticias y desigualdades que existen en todo el mundo.

Lo más importante es evitar transmitir miedo o impotencia. Podemos crear un entorno de calma donde expresar nuestras preocupaciones y transmitir que podemos hacer algo para superar esa sensación de impotencia y pasar a la acción. Este libro nos invita a descubrir muchas iniciativas que promueven la paz y a reflexionar sobre nuestro papel en su construcción dentro de nuestras propias comunidades.

  1. Escribir sobre la paz para niños puede ser un desafío: es un concepto enorme, lleno de matices. ¿Cuál fue el mayor reto a la hora de traducir una idea tan compleja a un lenguaje accesible y visual para lectores jóvenes?

La verdad es que para mí no era un reto: creo firmemente que podemos transformar el mundo y quería transmitirlo. La paz es posible, ¡no tengo la menor duda! Y empieza en nuestro día a día, en nuestras comunidades, en nuestras acciones. Fui organizando mis ideas en torno a los temas que me parecían más fundamentales y, poco a poco, fue tomando forma de manera muy fluida.

  1. Mientras escribías el libro, ¿hubo algún momento o historia personal que te hiciera replantearte tu propia idea de lo que significa “construir paz”?

Lo que he visto y sigo viendo es que la gente a mi alrededor está perdiendo la esperanza y la fe en la paz como camino. Es comprensible, porque los conflictos están aumentando en todo el mundo. Y nos han enseñado a responder con violencia a la violencia. Pero siempre recuerdo lo que me dijo un profesor cuando estudiaba Cultura de la Paz en la Universidad Autónoma: cuando una persona o un sistema se siente más amenazado, es cuando se vuelve más violento. Esto es cierto tanto a nivel macro como micro. Ahora estoy más convencida que nunca de que muchos de los sistemas que nos rodean se están derrumbando y de que necesitamos creer en la paz más que nunca para imaginar y crear nuevos futuros pacíficos para la humanidad y el planeta.

  1. Aunque el libro está pensado para niños, muchos de los mensajes parecen interpelar también a los adultos. ¿Crees que, en cierto modo, este álbum también busca educar o “despertar” a quienes acompañan la lectura?

No creo que los libros infantiles sean solo para la infancia, porque, en la mayoría de los casos, la lectura se comparte con personas adultas.

Mi intención cada vez que escribo un libro no es “educar” sino invitar a quienes lo lean a reflexionar y, en este caso, generar conversaciones interesantes sobre el mundo y el lugar que cada persona ocupa en él.

  1. Si un niño terminara de leer ¡La paz es posible! y pudiera quedarse con una sola idea o acción para poner en práctica al día siguiente, ¿cuál te gustaría que fuera?

Creer que la paz es posible.

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