Envío gratuito en España a partir de 40€

Publicado en

El verano y los libros: cómo mantener el hábito lector durante las vacaciones

Publicado en

Llega junio y con él esa mezcla tan particular de alivio y vértigo. El cole termina, las rutinas saltan por los aires y, de repente, los días son más largos, más libres y, también, un poco más imprevisibles. En medio de ese cambio de ritmo, hay una pregunta que muchas familias se hacen cada año: ¿y los libros? ¿Seguimos leyendo en verano?

La respuesta corta es sí. La respuesta larga es que el verano puede ser, de hecho, uno de los mejores momentos del año para leer con los niños. No a pesar de las vacaciones, sino gracias a ellas.

Por qué el verano es una oportunidad lectora, no un obstáculo

Durante el curso, la lectura compite con los deberes, los extraescolares, el cansancio acumulado y la presión de los horarios. En verano, todo eso desaparece o se relaja. Hay más tiempo, más calma y más espacio para hacer las cosas sin prisa.

Eso no significa que la lectura vaya a aparecer sola. Sin la estructura del curso, es fácil que los libros queden aparcados entre las pantallas, las excursiones y el ritmo más disperso de los días. Por eso, no se trata de imponer una rutina rígida, sino de crear pequeñas anclas que mantengan viva la costumbre de leer.

La diferencia entre un verano en el que los niños leen y uno en el que no es, casi siempre, una cuestión de entorno. Si los libros están accesibles, si los momentos de lectura se viven como algo agradable y si los adultos de referencia también leen, el hábito se sostiene casi solo.

Adaptar la lectura al ritmo del verano

Una de las cosas más útiles que podemos hacer es ajustar las expectativas. No hay que leer lo mismo, de la misma manera ni con el mismo propósito que durante el curso. El verano invita a leer de otra forma: más despacio, más por placer, más siguiendo el capricho del momento.

Esto puede significar releer un libro favorito que ya conocen de memoria. Puede significar dejarse llevar por una saga, esa clase de historia que engancha tanto que el niño pide leer un capítulo más antes de apagar la luz. Por ejemplo, nuestro Burricornio es de esas historias: humor desbordante, un protagonista que no se rinde y aventuras que hacen querer saber qué pasa en la página siguiente. O también, puede significar explorar un género nuevo, llevar libros a la playa o la piscina, o descubrir que, a veces, lo que más apetece es un álbum ilustrado aunque ya tengas ocho años.

No hay una forma correcta de leer en verano. Lo importante es que la lectura siga siendo una fuente de placer y no una obligación más.

Ideas prácticas para familias

Crear un pequeño rincón lector. No hace falta nada especial: una manta en el jardín, una hamaca, una cesta con libros cerca del sofá. El espacio físico invita. Los niños, igual que los adultos, asociamos los lugares con las actividades que hacemos en ellos.

Mantener el rito de leer antes de dormir. Aunque el horario de verano sea más flexible, el momento antes de dormir sigue siendo un ritual muy poderoso. Una historia al final del día ayuda a hacer la transición hacia el descanso y conserva ese clima de intimidad que tanto nos gusta en Nöpp: un adulto, un niño y una historia entre los dos. Para los más pequeños, Luna es perfecta para ese momento: una historia serena, con imágenes que son acertijos y un ritmo que invita a cerrar los ojos.

Aprovechar los viajes para los libros de aventuras. Hay algo muy apropiado en leer sobre aventuras cuando uno mismo está de viaje. ¡En la selva puede pasar de todo! encaja especialmente bien: Otto se pierde en una jungla desconocida y descubre que lo que más temía escondía las mejores sorpresas. Un espejo perfecto para los niños que también se adentran en lugares nuevos este verano.

Visitar la biblioteca. Las bibliotecas públicas son uno de los mejores recursos del verano y, a veces, uno de los más olvidados. Dejar que el niño elija libremente, sin presión ni criterio impuesto, puede despertar un entusiasmo que ninguna lista de recomendaciones consigue por sí sola.

Leer en paralelo. Si tienes hijos de edades distintas, puede ser bonito que cada uno esté leyendo su libro al mismo tiempo, en el mismo espacio. No hace falta leer juntos: basta con que la lectura sea una actividad compartida, un momento en el que todos estáis haciendo lo mismo, cada uno a su ritmo.

No dramatizar los días sin lectura. Habrá días de viaje, días de mucho movimiento, días en los que simplemente no toca. Eso está bien. El hábito no se pierde por una semana de descanso. Lo que sí importa es que, cuando la calma vuelva, los libros sigan estando ahí.

Qué tipo de libros funcionan mejor en verano

El verano es buen momento para los libros de aventuras, las historias llenas de humor y los álbumes que se pueden releer una y otra vez encontrando siempre algo nuevo. También para los relatos que abren conversaciones: esos libros que al terminar dejan una pregunta en el aire, una frase que se queda dando vueltas, una emoción que merece ser hablada.

Para los niños que ya leen solos y disfrutan de historias con más profundidad, el verano puede ser el momento ideal para Nora y el oso polar: una historia de amistad inesperada, de curiosidad y de respeto por el mundo que nos rodea. O para ¡La paz es posible!, un libro luminoso que propone ideas concretas para construir un mundo mejor, con el ritmo relajado del verano como aliado para detenerse y conversar sobre lo que van leyendo.

En Nöpp apostamos precisamente por ese tipo de libros: historias que tienen algo que decir, que tratan a la infancia con respeto y que no tienen miedo de tocar temas importantes con ternura y con humor. Libros que son buenos compañeros de viaje, literalmente.

Leer en verano es un regalo, no una tarea

Hay algo que conviene recordar cuando nos preocupamos por mantener el hábito lector durante las vacaciones: el objetivo no es preservar una rutina por el bien de la rutina. El objetivo es que los niños lleguen a septiembre habiendo disfrutado de buenos momentos con los libros. Habiendo reído, sentido, imaginado o simplemente descansado con una historia entre las manos.

Eso no tiene precio. Y tampoco tiene fecha de caducidad.

Así que este verano, en lugar de preguntar «¿has leído hoy?», quizá podemos probar con algo diferente: sentarnos al lado, abrir un libro y empezar a leer en voz alta. Lo que pase a continuación, ya lo veremos juntos.